La mañana del 30 de abril amaneció con un cielo encapotado y gotas de lluvia que amenazaban con frustrar la jornada de reforestación programada en el Parque Metropolitano Guangüiltagua.
A pesar del clima adverso, la Fundación y el Colegio Terranova decidieron apostar por continuar con la actividad, confiando en que la naturaleza comprendería la noble misión que estaba por realizarse.
Como si el universo conspirara a favor, cuando los 84 estudiantes de quinto de básica descendieron entusiasmados de sus buses, el cielo comenzó a despejarse.
Fue como una tregua silenciosa, como si la naturaleza supiera lo que íbamos a hacer ese día y nos diera su bendición.
La jornada inició con palabras de bienvenida de Guido Rada, director ejecutivo de la Fundación, seguidas por una demostración práctica de Jessi sobre la técnica correcta de siembra.
Los 84 niños y sus 6 profesores fueron divididos en seis grupos, cada uno identificado con una bandera de diferente color, la meta, cada uno debía plantar su árbol.
Con baldes llenos de tierra y herramientas en mano, estos pequeños guardianes del planeta se dirigieron a las áreas designadas para plantar especies nativas como llinllín, laurel de cera, pumamaqui, yalomán, podocarpus, pusupato, cholán, aliso, guaba y aliso, entre otras.
El entusiasmo era palpable mientras seguían cada uno de los pasos para que su árbol se plantara con extremo cuidado.
«¿Estoy haciéndolo bien?», «¿Mi arbolito crecerá grande?», preguntaban constantemente a los guías, demostrando un genuino interés por contribuir correctamente a esta labor de conservación.
Lo más conmovedor de la jornada fue observar cómo estos niños comprenden la gravedad del calentamiento global y están dispuestos a aportar su granito de arena.
Mientras algunos adultos debaten sobre políticas ambientales, estos pequeños actúan con determinación, sembrando esperanza en forma de 84 árboles nativos.
Al finalizar la siembra, varios estudiantes preguntaron si había más árboles disponibles, ansiosos por continuar su labor.
Esta actitud refleja una generación consciente que entiende que el futuro del planeta está en sus manos. La jornada concluyó con un merecido refrigerio.
Desde la Fundación extendemos nuestro más sincero agradecimiento a los estudiantes y profesores del Colegio Terranova, así como a nuestros dedicados guías, por hacer de esta actividad un verdadero ejemplo de compromiso ambiental.
En un mundo donde las noticias sobre el medio ambiente suelen ser desalentadoras, estas 84 pequeñas manos nos recuerdan que cada árbol plantado es un paso hacia un futuro más verde y sostenible.
JUNTOS SOMOS PARTE DE LA SOLUCIÓN
“Cada árbol que plantas, marca una diferencia”, Jane Goodall
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