Merck vuelve a sembrar: cuando el compromiso echa raíces en el Parque Metropolitano

Viernes, 21 de noviembre del 2025

Un compromiso que da frutos

Cuarenta manos, 150 árboles nativos y una promesa que se cumple: por segundo año consecutivo, Merck eligió regresar al Parque Metropolitano de Quito para reforestar junto a nuestra fundación. Y eso, en tiempos donde todo parece efímero, es un acto de esperanza.

 

Hay jornadas que comienzan mucho antes de que lleguen los voluntarios. Este viernes, el equipo de la fundación llegó al Parque Metropolitano cuando la ciudad aún despertaba. 

 

El frío de la mañana quiteña se sentía en el aire, pero también la emoción de preparar cada detalle: herramientas listas, plantas organizadas, espacios marcados. 

Sabíamos que en pocas horas llegarían cerca de 40 personas con las manos dispuestas y el corazón abierto. Y no eran personas cualquiera: eran los voluntarios de Merck, que regresaban por segunda vez a sembrar con nosotros.

 

Esa palabra —regresar— lo cambia todo. Porque una jornada de reforestación puede ser un evento aislado, una foto para redes, un check en la lista de responsabilidad social. 

 

Pero cuando una empresa vuelve, cuando elige construir un programa anual de reforestación, cuando sus colaboradores saludan con familiaridad y dicen «¡aquí estamos otra vez!», entonces estamos hablando de algo más profundo: estamos hablando de compromiso real con la naturaleza y con las futuras generaciones.

 

La fuerza de volver: rostros conocidos, raíces nuevas

Cuando los voluntarios comenzaron a llegar, el ambiente cambió. Hubo abrazos, risas de reencuentro, comentarios como «¡ya extrañaba esto!» y «¿recuerdas dónde sembramos el año pasado?». 

 

Guido, líder de nuestra fundación, dio la bienvenida con palabras claras y motivadoras. Luego vinieron las instrucciones prácticas, la división en grupos, y el inicio del trabajo. 

 

El clima acompañó: la mañana fría fue dando paso a una temperatura amable, perfecta para la jornada. Y en medio de todo, apareció la estrella inesperada de la jornada: la supervisora de siembra, una perrita adoptada por Ale, colaboradora de la fundación, que recorrió cada grupo con su cola en alto y su mirada atenta, robándose sonrisas y convirtiéndose en la compañera más querida del día.

 

Sembrando con alegría: 150 árboles y arbustos que cuentan una historia

Risas venían y risas iban. Esa es la mejor forma de describir el ambiente de esta jornada. Los voluntarios de Merck trabajaron con entusiasmo, apoyándose entre sí, preguntando, aprendiendo, celebrando cada planta que quedaba firme en su nuevo hogar.

 

En pocas horas, 150 árboles y arbustos nativos quedaron plantados en el Parque Metropolitano. Que servirán como refugio para aves, alimento para polinizadores, sombra para quienes caminan por el parque, oxígeno para la ciudad. 

 

Y son, sobre todo, el resultado tangible de lo que sucede cuando una empresa decide que la sostenibilidad no es un eslogan, sino una práctica que se repite, se profundiza y se vive.

 

Al finalizar la jornada, cuando las últimas plantas quedaron en su lugar, todos disfrutaron de un delicioso refrigerio. Todos satisfechos por el trabajo realizado. 

 

Gracias por elegir volver: un modelo para inspirar

Nada de esto sería posible sin alianzas reales. Por eso queremos agradecer profundamente a Merck por confiar nuevamente en nuestra fundación y por construir un compromiso sostenido con la reforestación en Ecuador.

 

Gracias por demostrar que las empresas pueden ser agentes de cambio ambiental cuando eligen regresar, año tras año, a sembrar vida.

 

Gracias también al equipo de catering que preparó con cariño el refrigerio que cerró la jornada, a todo el equipo de la fundación que trabajó desde antes del amanecer para que todo saliera perfecto, y especialmente a Guido, cuyas palabras y energía motivaron a cada voluntario a dar lo mejor de sí.

 

Esta jornada en el Parque Metropolitano es un recordatorio de que la conservación y la reforestación no son tareas de unos pocos, es una responsabilidad compartida. 

 

Merck lo entendió. Y su ejemplo puede inspirar a muchas otras organizaciones a hacer lo mismo.

 

«Quién planta un árbol, planta esperanza.» Lucy Larcom

JUNTOS SOMOS PARTE DE LA SOLUCIÓN

“Cada árbol que plantas, marca una diferencia”, Jane Goodall     

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