Bajo un cielo nublado que parecía dudar entre la lluvia y el sol, 40 voluntarios de Seguros BUPA y sus familias se dieron cita en el Parque Metropolitano Guanguiltagua para protagonizar una jornada de reforestación que dejó huella tanto en la tierra como en los corazones de todos los participantes.
El ambiente se llenó de risas y entusiasmo mientras las manos trabajaban incansablemente por un objetivo común: plantar 300 árboles nativos, duplicando la meta del año anterior.
Esta actividad forma parte del programa global Healthy Cities de BUPA, una iniciativa que conecta la salud humana con la del planeta.
A través de este programa, los empleados de BUPA en Ecuador, República Dominicana, Panamá y Miami participan en el reto de caminar 6.000 pasos diarios durante un mes.
Por cada participante que logra el desafío, BUPA destina recursos a iniciativas de sostenibilidad como esta jornada de reforestación.
La perseverancia y constancia de BUPA en su compromiso ambiental son admirables. En 2024, junto con nuestra fundación, se plantearon sembrar 3.300 árboles, pero para 2025 la meta se elevó a 6.000 árboles nativos, cifra que ya ha sido alcanzada en su totalidad.
Entre las especies protagonistas de la jornada brillaron el cholán, cuyas flores pintan de magia el entorno; el aliso, símbolo de fortaleza y adaptabilidad; y el capulí, árbol emblemático que conecta generaciones.
Estas especies no solo transformarán el paisaje, sino que serán aliadas clave en el renacer de la biodiversidad local.
La jornada comenzó con todos mirando al cielo, esperando que las nubes dieran tregua para completar la labor.
Era un día perfecto para sembrar: fresco, con la tierra húmeda, aunque nadie quería que la lluvia interrumpiera el trabajo.
A medida que avanzaba la mañana, el sol hizo una breve aparición, como queriendo acompañar y bendecir el esfuerzo de los voluntarios.
Entre los voluntarios se podían distinguir caras conocidas de jornadas anteriores y rostros nuevos, todos igualmente entusiasmados.
Uno de los momentos más conmovedores fue ver a los niños plantando sus propios árboles, preguntando con curiosidad: «¿Así está bien?» o «¿Debo poner más tierra?», aprendiendo desde pequeños la importancia de cuidar nuestro planeta.
Todos los participantes pusieron su mayor esfuerzo y dedicación para alcanzar la meta propuesta.
Al finalizar, un merecido refrigerio esperaba a los voluntarios, momento que aprovecharon para compartir experiencias y fortalecer lazos, celebrando juntos el haber sido parte de esta iniciativa transformadora.
La lluvia, como si hubiera respetado el pacto tácito con los sembradores, dio tregua durante toda la jornada.
Desde la fundación, extendemos un profundo agradecimiento a cada uno de los voluntarios de BUPA que dedicaron su tiempo y energía a esta causa.
Un reconocimiento especial merece Seguros BUPA por su invaluable contribución al medio ambiente, por creer en nuestra labor y por aportar ese granito de arena que, multiplicado por la constancia y el compromiso, se transforma en bosques enteros para las futuras generaciones.
JUNTOS SOMOS PARTE DE LA SOLUCIÓN
“Cada árbol que plantas, marca una diferencia”, Jane Goodall
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